En la escuela de Laren, Holanda, Maria Montessori continuó profundizando en el estudio del lenguaje infantil. Como en tantas otras ocasiones, todo comenzó con la observación atenta y constante del trabajo de los niños. A partir de esta observación, elaboró los símbolos gramaticales, buscando que tuvieran una base sensorial clara y que ayudaran al niño a analizar las partes del discurso de manera concreta. En esta tarea contó con el apoyo de su asistente Anna Fedeli, erudita en la lengua italiana.
La gramática estudia cada parte de la oración y su función. Vista tradicionalmente, este estudio suele presentarse como algo abstracto y tedioso. Montessori, sin embargo, lo abordó de una manera distinta: atendiendo tanto el carácter funcional del lenguaje como a la edad en la que se le ofrece al niño.
Ella escribe en su libro de Psicogramática que el estudio de la función de las palabras es un modo de penetrar el lenguaje que ya existe en el niño; solo hay que perfeccionarlo y fijarlo.
A esta edad, el niño aprende principalmente mediante la acción. Montessori aplicó este principio a todas las áreas del plan de estudios de la escuela. Ella justifica su enfoque de la siguiente manera: el niño puede empezar a aprender gramática antes de que empiece a leer y escribir. Por ello, la gramática no se presenta como una serie de reglas que memorizar, sino como una exploración activa del lenguaje que el niño ya utiliza diariamente.
Montessori señala que el niño puede comenzar a acercarse a la gramática incluso antes de aprender a leer y escribir. Cada vez que hablamos, hablamos gramaticalmente. Es por esta razón que desde que tiene cuatro años se le pueden ofrecer algunas ayudas gramaticales mientras que está perfeccionando su lenguaje, sus mecanismos de expresión y el enriquecimiento de su vocabulario, proporcionando condiciones favorables para su trabajo.
Sucesión de niveles
El desarrollo gramatical del niño no ocurre de manera repentina; se despliega gradualmente a lo largo de la infancia. En los primeros años, entre cero y tres, el niño absorbe el lenguaje de manera inconsciente, apropiándose de sus estructuras sin darse cuenta de ello. Más tarde, entre tres y seis años, comienza a perfeccionar ese lenguaje que ya vive dentro de él, utilizándolo con creciente conciencia. Finalmente, en la etapa de seis a doce años, surge el deseo de analizarlo y comprenderlo con mayor profundidad, explorando las diferentes funciones que las palabras desempeñan dentro de la oración.
Al resultar muy interesantes para los niños, los materiales creados por la Dra. Montessori continúan utilizándose hoy en las escuelas Montessori de todo el mundo, comprobando el aprendizaje psicogramatical. Desde principios del siglo XX, estos materiales han permitido a los niños explorar el lenguaje de una manera activa y sensorial.
Una de las actividades más significativas consiste en dibujar los símbolos gramaticales. Este gesto sencillo anima al niño a leer y releer las palabras, frases y oraciones de una manera reflexiva . Esta actividad de pensamiento se combina con el trabajo activo haciendo una pausa en cada palabra que se lee con atención: el niño se detiene, piensa, vuelve a leer y decide cuál es el símbolo con el que se relaciona.
El objetivo no es el de estudiar la gramática con el fin de memorizar las partes del discurso, sino ofrecer un incentivo para la relectura y la reflexión sobre el lenguaje.
Del mismo modo que antes analizaba cada sonido que forma una palabra, ahora, el niño analizará la función de cada palabra dentro de la oración. Realiza dos actividades simultáneas: una actividad manual tranquila —dibujar los símbolos— y una actividad intelectual más profunda —releer la oración varias veces para comprender su estructura, explora, poco a poco, el lenguaje que ya posee.
Cada uno de los símbolos gramaticales que María Montessori relacionó con las partes de la oración tiene una historia muy clara y definida que profundiza aún más el concepto y la conciencia de la función de la parte de la oración que se estudie. El diseño de los símbolos gramaticales combina tres variables: forma, color y tamaño.
Cada una de las historias de los símbolos encierra un mensaje y un valor, tendiendo un puente entre el simbolismo y la dimensión abstracta de la gramática.
Símbolo gramatical del sustantivo
La palabra sustantivo proviene de “sustancia”, aquello de lo que se habla. El nombre es una de las realidades más antiguas de la humanidad. Todo lo que existe tiene un nombre: personas, países, objetos, elementos de la naturaleza, flora y fauna. Incluso los sentimientos y emociones reciben un nombre que perdura a través del tiempo. Los nombres permanecen. Generaciones de hombres nacen y desaparecen, pero los nombres continúan acumulándose.
Por esta razón, María Montessori eligió para el sustantivo el símbolo de una pirámide negra. La pirámide es considerada una de las construcciones más antiguas creadas por el ser humano. Su base cuadrada es sólida y estable y su forma se eleva lentamente hacia la parte superior.
Imaginemos una pirámide hecha de piedra pesada. ¡Cuánto podría durar en el tiempo! El viento, el agua, el rayo no podrían destruirla. Las pirámides de Egipto y las de la civilización Maya han permanecido durante siglos y probablemente continuarán existiendo durante muchos más.
De la misma manera los nombres permanecen.
El color negro del símbolo también tiene un significado particular. Uno de los materiales más antiguos formados por la naturaleza es el carbón, producto de la descomposición de plantas que existieron hace millones de años (esta información va relacionada con la Línea de la Vida, lo que resulta sumamente interesante para los niños). El carbón, como el nombre, es muy antiguo.
Por todo esto, Montessori describía este símbolo como “una pirámide sólida por excelencia”. En el material que utilizan los niños se representa solamente su sombra, teniendo como resultado un gran triángulo equilátero de color negro.
Símbolo gramatical del artículo
La palabra artículo proviene del latín “articulus” que es diminuto de “artus” que significa extremidad o articulación.
El artículo es una pequeña extensión del nombre, que definirá si se trata de uno o más sustantivos, en algunos idiomas, define también su género.
El artículo acompaña siempre al sustantivo, como nuestro brazo al cuerpo. Un brazo separado del cuerpo pierde su sentido; lo mismo sucede con un artículo sin un sustantivo, no tiene significado.
El símbolo del artículo es una pirámide azul claro, más pequeña que la del sustantivo. Representa una pequeña extensión del nombre, algo que depende de él y siempre aparece a su lado. También usaremos su sombra: un pequeño triángulo equilátero de color azul claro.
Símbolo gramatical del adjetivo
La palabra adjetivo viene del latín “adicere”, que significa añadir. ¿Añadir a quién? Al sustantivo. El adjetivo nos dice cómo es el sustantivo.
Los objetos se distinguen por sus cualidades. No basta decir que algo es grande o pequeño, rojo o azul, no debemos limitarnos a una cualidad, pues el lenguaje nos puede abrir horizontes más amplios para definir con mayor precisión: elegante, esbelto, viejo, roto, rayado, etcétera.
El símbolo del adjetivo es una pirámide mediana de color azul marino. Como en los casos anteriores, también usaremos su sombra, representándola por un triángulo equilátero mediano de color azul marino.
Cartelones impresionistas de la familia del sustantivo
Estos cartelones impresionistas le dan al niño una idea muy clara de que estas tres funciones —artículo, sustantivo y adjetivo— suelen aparecer juntas formando una frase. Son símbolos terrenales e inmóviles. El cartelón de las tres pirámides de Egipto representa a la gran familia del sustantivo, son sólidas, estables y muy antiguas.
En otro cartelón, Montessori presenta esta familia como una escena familiar. La madre representa al sustantivo. En sus brazos lleva al artículo, representado por un bebé que depende completamente de ella. De la mano conduce al adjetivo, un niño que camina a su lado y que puede o no acompañarla.
Símbolo de la conjunción
La conjunción conecta, une. Actualmente, su símbolo es un guion rosa, como si fuera una mano que une aquello que estaba separado. Es como una mano que toma a otra y le dice: “Usted no está sola, quédese conmigo”.
El color rosa recuerda el color de la piel, la mano que une, que sostiene, la mano universal que establece vínculos.
Originalmente, María Montessori había elegido otro símbolo: dos círculos unidos semejantes a dos anillos entrelazados, como emblema del matrimonio.
Símbolo de la preposición
La preposición ordena, coloca las cosas en su lugar y establece relaciones entre ellas. Une palabras y frases que, de otro modo, permanecerían aisladas.
Esta es la razón por la que María Montessori representó esta función como un puente que cruza un río y conecta dos naciones. Es un puente primitivo, cubierto de hojas y lianas de color verde. La preposición nos hace continuar con nuestro discurso; la preposición nos da el orden de las cosas. ¿Han probado hablar sin preposiciones? En lugar de decir: “Yo pongo mi libro sobre la mesa cerca de la puerta.” Sonaría: “Yo pongo mi libro la mesa la puerta.” Sin sentido, ¿verdad?
Símbolo gramatical del verbo
Verbo viene del latín “verbum” que significa “la palabra por excelencia”. María Montessori establece una comparación con el evangelio de San Juan: “En el principio era el Verbo...” (Juan 1:1-17) El verbo aparece, así como un principio de vida, una energía original que pone todo en movimiento.
Representado por una esfera incandescente como el Sol, roja como sus llamas, María Montessori ideó entonces el símbolo del verbo: un elemento fundamental en la naturaleza, ya que su presencia hace posible la vida.
El verbo es acción, movimiento, energía. Todo lo que hacemos puede expresarse mediante verbos.
Si comparamos el símbolo del sustantivo con el verbo, encontramos un contraste muy claro: el verbo gira sin dificultad en todas direcciones mientras que el sustantivo es estático, permanece estable. Es el contraste entre los objetos y las acciones, entre lo que es y lo que sucede. También usaremos únicamente su sombra: un círculo rojo.
Símbolo gramatical del adverbio
Derivada del latín “adverbum”, que significa junto al verbo; el adverbio nos indica cómo, cuándo, dónde o de qué manera ocurre la acción, por lo que suele permanecer cerca de él.
Su símbolo es una esfera naranja más pequeña que la del verbo. El color naranja puede imaginarse como un rojo suavizado, como si recibiera la luz del Sol.
María Montessori comparaba al verbo con el Sol y al adverbio con la Luna. Así como la Luna refleja la luz solar, el adverbio depende del verbo y encuentra su sentido junto a él.
En el material, usaremos su sombra, un círculo mediano de color naranja.
La relación entre el verbo y el adverbio es similar a la relación entre el sustantivo y el adjetivo. Sus símbolos tienen la misma forma (triángulos o círculos), porque son de la misma familia. El sustantivo y el verbo tienen color más intenso y tamaño más grande, ya que son los más importantes de su familia.
Símbolo gramatical del pronombre
Pronombre viene de “pro”, (en lugar de) y nombre, el pronombre aparece cuando una palabra toma el lugar del nombre.
Para representar esta función, María Montessori eligió una pirámide similar a la del sustantivo, ya que ambos están estrechamente relacionados. Sin embargo, las caras de la pirámide del pronombre son isósceles, con una base más pequeña que la del sustantivo.
A pesar de tener una base menor, el pronombre es más alto. Podríamos imaginarlo erguido en la punta de los pies, intentando hacerse notar, pues ocupa el lugar del nombre.
Para explicar la función de este símbolo, se presenta una alegoría en la que se relata que el pronombre es más alto que el nombre, ya que se considera muy importante y quiere ser más notado que el nombre; está parado en las puntas de sus pies. Su color es violeta, que es el color de la rabia que siente hacia el maestro legítimo: el nombre. Es un usurpador, ingrato y soberbio.
Recuerdo que, cuando trabaja con los niños de Taller I y les platicaba esta historia, decirle a alguien “¡eres un pronombre!” podía convertirse en ¡la peor ofensa que podían decir! Lo mismo pasaba con la línea oblicua que “no era honesta ya que no era ni vertical ni horizontal”. Decirle a alguien “eres oblicuo”, ¡era un insulto total!
Cartelones impresionistas de las familias gramaticales
Después de conocer los símbolos y las historias que revelan la función de cada palabra, podemos observar cómo estas partes del lenguaje se organizan entre sí. María Montessori mostró que las palabras no viven aisladas: forman familias, y dentro de cada familia existen relaciones claras que ayudan al niño a comprender la estructura del lenguaje.
Así aparecen las familias gramaticales, agrupaciones que revelan cómo ciertas palabras se relacionan entre sí y cumplen funciones semejantes dentro de la oración. La primera familia gramatical es la familia del nombre. La segunda familia gramatical es la familia del verbo. Para representar esta segunda familia se utiliza un cartelón muy conocido en la Psicogramática Montessori.
El cartelón de la familia del verbo: el Sol, la Luna y el cometa: el verbo está representado en forma de Sol; el adverbio como la Luna que recibe su luz y el pronombre aparece como un cometa que, queriendo ocupar el lugar del nombre, termina sirviendo al verbo. El adverbio está en relación con el verbo, y el pronombre también; por esta razón, estas tres partes del lenguaje constituyen la segunda familia gramatical, la familia del verbo, que da nombre al grupo y ocupa su lugar central.
Otro cartelón impresionista ilustra la relación entre el verbo y el adverbio. Sabemos que el adverbio no tiene vida propia, sino que depende del verbo; sin embargo, esta dependencia le permite influir en la acción misma.
La acción —verbo— y la manera de efectuarla —adverbio— son representadas por dos engranajes en movimiento. El engranaje mayor representa la acción; el menor, el adverbio. Cuando ambos se relacionan, forman un mecanismo único: la velocidad del movimiento cambia según la rueda pequeña aumente o disminuya su impulso. Así, podemos caminar lenta o rápidamente, dependiendo del adverbio que acompañe al verbo.
Símbolo gramatical de la interjección
Interjección viene del latín “inter” (medio) y “iacere” (arrojar, lanzar), es decir, una palabra lanzada en medio de una oración sin mantener una relación directa con el discurso. La interjección es un grito, una exclamación que surge como resultado de una reacción imprevista del espíritu humano: dolor, asombro, impaciencia, indignación, alegría.
A diferencia de las demás funciones, la interjección no tiene un papel dentro de la estructura de la oración; es independiente, pues por sí sola puede expresar una emoción de manera rudimentaria. Debido a su carácter natural, existe en todas las lenguas; en este sentido, puede considerarse una expresión común a toda la humanidad.
Son manifestaciones espontáneas del espíritu humano. Por esta razón, María Montessori utilizó el símbolo de una cerradura antigua, de color dorado. Es la unión del verbo y sustantivo, puesto que pueden representar a ambas categorías. Es una puerta que se abre hacia la alegría y a la plenitud de la vida. Es de color dorado porque simboliza el espíritu del niño, en el que encontramos el entusiasmo.
María Montessori nos dice:
“Hoy en día, la gente trata de evitar el uso de la interjección en su lenguaje, mientras que solamente está presente en los dialectos; parece que se interpreta como de mal gusto. En los siglos XVIII y XIX el hombre se avergonzaba de demostrar su emoción”.
La interjección es una característica del lenguaje instintivo; se encuentra de manera natural en el vocabulario del niño.
El mundo gramatical
María Montessori presentó finalmente un gran cartelón impresionista que reúne todo este universo simbólico: La Tierra y el Cielo.
En la superficie de la tierra (de color café) se encuentran el sustantivo, el artículo y el adjetivo. Son palabras que se refieren a la materia, a las cosas concretas del mundo. En el cielo (representado de color azul) aparecen el verbo, el adverbio y el pronombre. Estas palabras se relacionan con la energía, con la acción y el movimiento. La conjunción y la preposición funcionan como servidores de estas familias, estableciendo conexiones entre ellas. La interjección, en cambio, constituye un caso especial.
En las lecciones de psicogramática sobre las familias gramaticales, María Montessori invita a las guías a relatar esta fábula para los niños:
“En el lenguaje entendido en su conjunto, Hay dos jefes de familia, el nombre y el verbo. Ambos son el centro en torno al cual, Todas las palabras que expresan Nuestros sentimientos Y pensamientos Se organizan.Cada uno es como un rey con su corte O una estrella con sus planetas Por eso es bueno dar la clasificación de las partes de la oración no como adyacentes sino como si viviesen alrededor de estos centros”
Gracias a esta representación, el niño puede ver un patrón que, explicado en palabras, sería más complicado entender.
Una vez que el niño tiene el conocimiento, ponerlo en práctica resulta natural. Describir a la gente es parte de su vida diaria, ahora puede dar sentido a palabras como: alta, baja, esbelta, o lo que hace: comer, dormir, pensar.
“La exploración gramatical del lenguaje ayuda no sólo a la lectura, sino también produce satisfacciones estimulantes porque les hace conscientes del lenguaje que ya poseen, mientras que leer libros les hace concentrarse en pensamientos que les vienen de afuera”.22
Con el alfabeto móvil podemos escribir todas las palabras de nuestro lenguaje; y con los símbolos gramaticales podemos reconocerlas y clasificarlas, comprendiendo así la función que cada una desempeña en el lenguaje.
Gabriela Ortega, AMI 3–6 Trainer
